En este tragicómico mundo que es la maternidad, una figura emerge con fuerza entre las demás en mi universo mamífero. Jugando un papel determinante en la faceta más aventurera de los Chuchis, podríamos decir que pese a que Queridísimo es todo amor y ternura con los peques, en una escala del 1 al 10 de responsabilidad en accidentes y trastadas varias, él tiene un 12.
Ésta nuestra figura paterna, el cabeza de familia, el padre de mis hijos y amor de mis amores, tiene una especial cualidad para para producir despropósitos infantiles que dan al traste con todos mis cuidados de madre a tiempo completo y hacen que me suba la presión, la bilirrubina, y se me desboque la alopecia. Y digo yo haciéndome una y otra vez preguntas retóricas: ¿Son así la mayoría de las figuras paternas o es que he topado con un especimen de lo más peculiar?
Y es que este hombre no tiene parangón. ¿Qué se van a jugar con arenita al parque? Cuando llegan, si los rebozo hago croquetas (eso si no se despista y tare a un churumbel que no es el suyo)... ¿Qué se lleva a los peques a merendar? Atracón de churros y churros con chocolate con la consiguiente cagalera... ¿Qué les gusta el patinete? Cuesta abajo y sin frenos, que es lo que mola... ¿Que se van a pisar charcos? "Pisar" se convierte en "bucear", con chuchis empapados y febriles al día siguiente...y así sucesivamente, en un continuo de aventuras y desventuras con final más o menos previsible, servidora al borde del colapso y dudando entre si ponerles a las criaturas el gorrito o el chaleco antibalas...
¿La última diversión? El caballo loco, o crazy horse. Engendro entre el gangnam style y el toro mecánico, la historia consiste en ponerse a cuatro patas mientras uno de los chuchis se le sube a horcajadas; como puede, se le agarra al pescuezo y hala, a saltar y girar como un poseso mientras el que está encima ríe sin parar. Los giros y las sacudidas se vuelven cada vez más bruscas hasta que el chuchi sale despedido y cae de bruces en la alfombra, rozando el pico de la mesa, la pata de la silla o lo que sea que tenga por delante. Y les debe hacer gracia a los jodíos, porque la carcajada es inversamente proporcional a la distancia a la que son expulsados y también a las taquicardias de servidora. Cuanto más lejos mejor. Cuanto más fuerte, más chillan. Y cuanto más chillan, más me acojono, visionando varias salidas irremediables a la situación:
a) lo mato
b) me mato
c) renuncio y me largo a tomarme un Bloody Mary con mi amiga no sin antes haber forrado todas las esquinas con esparadrapo y dejarle a mano el teléfono de urgencias
d) me apunto al rollo: yo también me tiro encima, pero peso muerto y a lo Falete en Splash, a ver si a mí me lanza tan lejos
e) abro el ordenador y empiezo a escribir un post...
Ay Señor, miedito me da cuando tenga que enseñarles a montar en bicicleta...
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lunes, 11 de marzo de 2013
martes, 8 de enero de 2013
Rebajas
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Pues lo dicho. Allá que me aventuro con los chuchis, una chaquetita para cambiar y como única arma defensiva para emergencias una bolsa de Lacasitos a granel. Just in case...el escenario es una concurridísima tienda famosa por sus buenos precios y más aún en rebajas. Chuchi II va en el carrito y Chuchi I en el patinete enganchado detrás.
Nada más entrar voy directa al ascensor, y me hallo con el primer obstáculo, una fila de cuatro carritos esperando, como yo, subir y bajar a la planta infantil. Entre carrito y carrito dos señoronas parlanchinas que me pregunto si conocerán el concepto escaleramecánicanohayquemoverunmúsculosovaga. En fin...mientras espero, me percato de que empieza a hacer calor...un calor insoportable...infernal...y menda con un polar de cuello a tobillos...decido sacarles los abrigos a los chuchis y yo, por falta de percha, me lo dejo puesto. Error número uno, porque cuando por fin llega el ascensor y consigo subir, me caen los chorretes por la rabadilla y el pelo se me pega a las orejas en plan Legolas. Cuando salgo del ascensor, jauría humana. Cientos, miles de mujeres con niños, sin niños, con bebés con carros, ropa por el suelo, gritos, olores, más gritos...avanzo con paso firme mientras Chuchi II empieza a llorar porque quiere bajarse del carro...”toma hijo” le enchufo unos cuantos Lacasitos...”mamá yo tambiééén” -”toma hijo” -otro puñadito más...mientras busco la chaqueta Chuchi II empieza a subir el tono de su incipiente rabieta. Toma Lacasitos. -”Mamáá pipíí”. Toma Lacasitos. ¿Dónde narices estaba? ¿Porqué tienen la puñetera manía de tener siempre la misma ropa pero cambiarla de lugar?-”Mamáááá!” ¡Toma Lacasitos!. A Chuchi II se le han caído al suelo, por no comérselos y tenerlos en la mano esperando a que se le deshagan para luego limpiarse las manos en la falda de la señora del al lado...¡Toma, toma Lacasitos por Dios! Se avecina tormenta infantil. “Mamá pípííí! ¡Toma Lacasitos! Paso. No veo la chaqueta, me dirijo a la caja, con Chuchi II con medio cuerpo retorciéndose bajo el carro y Chuchi I desbocado -“Pípííííí!!!”. ¡”Tomad Lacasitos!”. Milagrosamente, hay tres filas para pagar y sólo dos son kilométricas... con un derrape que ríete tú de Fernando Alonso me planto en la que no hay nadie.”¿Puedo?” La chica levanta la vista, indiferente, “ahá”. Claro, debe estar acostumbrada a ver una loca enfundada en un polar de arriba abajo en un microclima tropical con niño y medio en el carro (el otro medio anda por ahí debajo) el pelo chorretoso en plan me ha lamido una vaca y doscientos cincuenta millones de Lacasitos alrededor. “Uy pero no te puedo devolver el dinero porque si no tienes la tarjeta con la que has pagado...”-”vale me da igual hazme un vale”-”Mamáááá!”. ¡Toma Lacasito!. Paroxismo. “Ay no me quedan vales, tengo que bajar...”Toma Lacasito. ¡Toma toma y toma Lacasito! El final, previsible. Servidora empapada, desquiciada, ¿me he comido el vale? sin chaqueta, niño meado, bebé hipermegaenrabietado, y Lacasitos por doquier... juro a lo Scarlett O´Hara y a Dios pongo por testigo que nunca jamás volveré con los chuchis de rebajas.
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